La muerte volvió a mirarme de frente…Y yo le dije: no me das miedo.


“Hola!

Me llamo Feliciana, y debo decir que acertaron con mi nombre...

Siempre fui una persona optimista, ¡sabía verle el lado más alegre a la vida!

Eso no quiere decir que mi vida no conociera dificultades, sino que, a pesar de todo, sabía buscar las enseñanzas positivas de cualquier situación, por adversas que fuera.

Me casé tuve, dos hijos preciosos…. Desgraciadamente, cuando aún no era muy mayor, me fue detectado un cáncer.

Reconozco que se me cayó el mundo encima… de repente, todo se desvanecía, y la idea de la muerte lo llenaba todo, una idea pesada, dura, formada de miedo, mucho miedo a dejar este mundo, el único que conocía...

Era comenzar una terrible lucha, de resultado incierto.

Mi vida ya sabía que no iba a ser la misma

Pasadas las primeras semanas, de lloros y depresión, mi cuerpo comenzó a reaccionar, mi mente no estaba vencida, y. si tenía que morir, iba a luchar por mi vida.

Decidí que la muerte, si llegaba, no me encontraría temblorosa, si no que me propuse hacerle frente, mirarla a los ojos

Y le dije: tú podrás a arrebatarme mi vida, pero nadie me va a privar de llenar intensamente los días que me puedan quedar.

Sobreviviera o no a esta enfermedad fue una auténtica sacudida… descubrí de pronto el verdadero sentido de la vida: el vivirla bien e intensamente, siendo buena persona, ayudando a los demás, dando gracias a Dios por todo lo bueno que me había dado hasta ahora y por las cosas buenas que estaba segura me faltaban por vivir.

Me apunté a todo tipo de asociaciones, escribía libros, daba conferencias ibaa a hospitales, a animar a muchos que se habían hundido, ¡¡les contaba hasta chistes sobre los pañuelos que llevaba, para taparme la falta de pelo por las quimioterapias, que eran de lo más coloridos!!

Hacía todo por sacarles una sonrisa, por darles una esperanza… y descubrí que eso me hacía inmensamente feliz…

De hecho, lo único que lamentaba es que hubiese tenido que llegar esta maldita enfermedad para darme cuenta de todo lo que me había estado perdiendo, porque qué importancia tenia lo mío, cuando veía a pobres niños muy enfermitos…

Yo ya había vivido, pero ellos ni siquiera habían empezado...

Yo les animaba, le llevaba juguetes, les decía, aunque sabía que no siempre iba a ser cierto, que pronto se curarían, y que yo estaría pronto el cielo para seguir jugando con ellos el día que llegarán, dentro de muchos años…

Y así fueron transcurriendo mis días.

Una vez, después de mi larga lucha, la muerte volvió a mirarme de frente…

Y yo le dije: no me das miedo. Gracias a ti he descubierto muchas cosas que me estaba perdiendo, y gracias a ti voy a volver a reencontrarme con tantos amigos que estos años te has llevado.

Estoy lista.

Mi gran sorpresa es que, cuando desperté, lo hice en medio de muchos de estos amigos que había ayudado, que se habían reído conmigo,

Sacando lo mejor de estas desgracias, logramos alcanzar la vida, y ganamos a la muerte, no pudo con nosotros, nuestro cuerpo murió, pero nuestro espíritu, libre por fin de la enfermedad, es ahora completamente libre y desde aquí mis amigos y yo seguimos ayudando y animando a todos los que llegan aquí destrozados anímicamente, personas que no pudieron o no supieron hacerle frente a la enfermedad y que deben ahora curar sus profundas heridas del alma, muchas veces más profundas que la propia enfermedad que les trajo aquí.

Ser fuertes ante la adversidad, pensar siempre, cuando el dolor ya os haya invadido, que la muerte no podrá con vosotros, que lo mejor está muy cerca de llegar...

Un beso de ánimo y esperanza a todos los que se enfrentan a estas situaciones, en las cuales el reloj de arena se gira y la arena empieza a caer….

El final no es cuando toda la arena ha caído sino el principio, no lo olvidéis…

Vuestra amiga Feliciana.”

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